10 h
Coloquio Manuel Enríquez 100
Conferencia: Luis Jaime Cortez
Biblioteca de las Artes, Cenart
Luis Jaime Cortez, ponente · Nonis Prado, moderadora
Enríquez | 100
Conferencias y mesas en el centenario de Manuel Enríquez (1926-1994), 18 y 19 de noviembre.
Actividades académicas in memoriam en el marco del 48º FIMNME.
Curaduría: Luis Jaime Cortez y Ana Lara, Sonus Literatum
10 h
Coloquio Manuel Enríquez 100
Biblioteca de las Artes, Cenart
Luis Jaime Cortez, ponente · Nonis Prado, moderadora
11:30 h
Coloquio Manuel Enríquez 100
Biblioteca de las Artes, Cenart
Luis Jaime Cortez, Arturo Márquez, Federico Ibarra Groth, Marielena Arizpe y Antonio Russek, participantes · Ana Lara, moderadora
13 h
Coloquio Manuel Enríquez 100
Biblioteca de las Artes, Cenart
Álvaro Bitrán, Marisa Canales, Wendy Holdaway y José Luis Castillo, participantes · Maby Muñoz, moderadora
10 h
Coloquio Manuel Enríquez 100
Conservatorio Nacional de Música
Iracema de Andrade, ponente · Luis Jaime Cortez, moderador
11:30 h
Coloquio Manuel Enríquez 100
Conservatorio Nacional de Música
Álvaro Bitrán, Marisa Canales, Wendy Holdaway y José Luis Castillo, participantes · José María Serralde, moderador
13 h
Coloquio Manuel Enríquez 100
Conservatorio Nacional de Música
Guillermo Contreras, Arón Bitrán, Aurelio Tello y Susana Enríquez, participantes · Marusia Pola, moderadora
16:30 h
Coloquio Manuel Enríquez 100
Conservatorio Nacional de Música
Leonora Saavedra, ponente · Maby Muñoz, moderadora
El centenario de Manuel Enríquez (del maestro Enríquez, como le decíamos en argot de músicos) se nos presenta no solo como una oportunidad para celebrar al gran personaje que fue, sino sobre todo para empezar a reconocerlo en su justa medida. Reconocerlo es volver a conocerlo, o mejor: empezar a conocerlo sobre unas bases nuevas, con iluminaciones alternativas. Han pasado tres décadas desde su muerte y el mundo ha cambiado mientras tanto: ya podemos mirar con ojos nuevos, con ojos no contaminados por la cotidianidad ni por la cercanía. Siempre supimos que Enríquez era un gran artista, pero su figura adquiere hoy nuevos brillos, dimensiones más altas. Podemos empezar a ser objetivos. No es una afirmación que se origine en el entusiasmo. Lo que ocurre es que van apareciendo argumentos y evidencias que no habíamos sopesado antes, perspectivas originales que surgen con fuerza propia. La primera de ellas se deriva de la constatación de que su música se escucha hoy actual, fresca, retadora, original.
Enríquez sigue siendo nuestro contemporáneo. No le han pasado los años encima, como ha ocurrido con otras vertientes de los vanguardismos. Su música es un tesoro vivo. Sus partituras gráficas siguen sorprendiendo por su fuerza y por la música que proponen desde el silencio de los trazos. Sus obras seriales, en su heterodoxia, presentan un aire de familia con todas las otras: por encima de las técnicas, una voz enlaza los gestos y texturas. Sorprende el trabajo con técnicas extendidas (extendiéndolas antes de que se llamaran así); la destreza ejemplar en la escritura de las percusiones; el hecho de que las obras no son efecto gregario de otras vanguardias, sino compañeras estrictamente contemporáneas de lo más radical de su momento. Eso se lo reconocieron sus colegas de Nueva York, de París y de Varsovia.
Enríquez fue pionero indiscutible de la vanguardia en México, portando la antorcha radicalista de Carrillo. Sus primeras obras preceden en casi una década a la generación de Lavista y Estrada. Pasó por las versiones más extremas del serialismo, desarrollando su propia versión deconstructiva. Fue uno de los primeros en hacer electroacústica en México. Estuvo en París con la generación de Boulez y en Nueva York con la generación de Stefan Wolpe y el expresionismo abstracto. Pero también estuvo en el Otoño de Varsovia, donde ocurrieron algunas de las audacias más extremas de la música del siglo XX. De hecho se consideró durante algún tiempo que este Foro era una especie de extensión y continuidad de aquel. Se le imagina a veces como un hombre del poder y se le refiere así en algunos textos, pero esa es otra apreciación que requiere correcciones. Sus puestos como funcionario, por llamarles así, fueron en realidad menores: director del Cenidim, Coordinador de Música del INBAL, asesor (uno de muchos) de Conaculta en los últimos años. No fue ni director del INBAL ni secretario de nada. Enríquez no era un hombre funcional al sistema, porque tenía demasiadas ideas: novedosas, creativas, deconstructivas. Y peor aún: no tenía freno para expresarlas y para intentar hacerlas realidad en el tiempo más corto posible. Su autoridad en México se originaba en el reconocimiento internacional que recibía, pero a menudo se ha pensado equivocadamente que la trama funcionaba más bien al revés. Hay que considerar también que su autoridad se desprendía del hecho de que, ahí donde estuviera, ocurría una tormenta eléctrica. Durante sus últimos dos años de vida fue víctima de ataques violentísimos por parte de un sector del gremio musical, que en la distancia vemos con claridad como arteros y desleales. Lo menciono aquí, no por falta de prudencia, sino porque ese fue el contexto de su muerte y por tanto el espacio de su reconocimiento inmediato.
El centenario nos empuja a pensar a Enríquez desde cero. Hemos minimizado sobre todo su generosidad y su agudeza intelectual. Fue el primero en proponer un programa de apoyo para compositores jóvenes. Fue el primero en poner la música virreinal en perspectiva de realidad tangible. Desde su vanguardismo cosmopolita, reconocía con sincera y profunda admiración las músicas originarias de México, y emprendió acciones que serían, aún hoy, ejemplares. Y sobre todo, antes de que fuera una circunstancia central, inició el reconocimiento fáctico a las mujeres compositoras, tanto a sus colegas como a las jóvenes, muchas de las cuales fueron surgiendo del entorno de sus programas. Sus ideas para la renovación de la educación musical en México siguen siendo una cuenta pendiente. Hay que decir que hemos sido pizzicatos con él y que este centenario nos presenta la oportunidad de empezar a compensarlo.
Luis Jaime Cortez
© Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura. México, 2026.