Instalación sonora: Nuño de Buen
Instalación
Casa Rafael Galván, UAM
1 estreno mundial
Programa
Andrés Nuño de Buen
* Estreno mundial
Personas compositoras
Compositor radicado en Berlín. Su música investiga la vibración, resonancia y háptica del sonido mediante instrumentos acústicos, medios electrónicos, instalaciones sonoras e instrumentos de construcción propia. Su práctica actual gira en torno al sintetizador acústico o diapasófono: un instrumento-instalación que emplea diapasones, electroimanes y botellas de vidrio para producir síntesis sonora de manera completamente acústica: sin micrófonos, bocinas ni procesamiento electrónico. Obras como Alquitara para 12 músicos con diapasones y botellas de vidrio, presentada en el Lucerne Festival Forward 2021 o Leve para el cuarteto de guitarras ALEPH, Premio de Composición de la Ciudad de Stuttgart 2022, trasladan ese interés por la materia sonora y sus principios acústicos a la música de concierto. Su música se ha presentado en festivales y ciclos de conciertos en México, Estados Unidos, España, Francia, Alemania, Austria, Suiza, Suecia, Turquía, Rusia y Japón, y ha contado con el apoyo de instituciones como la Secretaría de Cultura de México, la Academia de las Artes de Berlín y la Kunststiftung Baden-Württemberg. Estudió con Wolfgang Rihm y Markus Hechtle en la Hochschule für Musik de Karlsruhe y con Alejandro Romero, José Luis Castillo y Carole Chargueron en la Escuela Superior de Música del INBAL.
Nota al programa Sobre las sensaciones de tono y otros fantasmas
«Inspirado por los experimentos que el físico y médico alemán Hermann von Helmholtz publicó en 1863 en su libro Sobre las sensaciones de tono. Mi sintetizador acústico o diapasófono combina ondas sinusoidales para sintetizar sonidos de forma completamente acústica: sin micrófonos, bocinas ni procesamiento electrónico. El instrumento funciona mediante electromagnetismo, vibración y resonancia: electroimanes excitan la vibración de diapasones, que a su vez hacen resonar botellas de vidrio afinadas con agua. El resultado es un híbrido entre instalación sonora e instrumento musical que confiere presencia física a sonidos que generalmente asociamos a un mundo digital carente de cuerpo. El diseño y construcción de la primera versión de mi instrumento, en 2022, coincidió con la muerte de mi papá, por lo que este proyecto estará siempre ligado para mí a un proceso de duelo profundo. Durante este periodo, la presencia de estos sonidos en mi vida comenzó a sentirse como una especie de convivencia con lo fantasmagórico. Y es que una característica de las ondas sinusoidales puras es que el oído humano tiene dificultad para localizar su fuente sonora. Aunque estemos frente al objeto en vibración, percibimos el sonido como si viniera de otro lado. Los tonos del diapasófono se despliegan en el espacio y adquieren una materialidad casi tangible, pero al mismo tiempo permanecen ilocalizables y, en cierto modo, incorpóreos. Hay algo en la naturaleza invisible e inaprensible del sonido que lo acerca a lo espectral, un vínculo que se remonta a los primeros instrumentos prehistóricos, construidos con restos de animales y usados en contextos rituales. Pero no es necesario irnos tan lejos: poco después de los experimentos de Helmholtz, las primeras máquinas de grabación se vendían no como aparatos para reproducir música, sino como un modo de preservar para siempre las voces de los seres queridos».
