CLAUSURA: Tambuco
Concierto de clausura
Palacio de Bellas Artes, Sala Principal
2 estrenos mundiales
Programa
Marcela Rodríguez
- De las nocturnas aves (2026)*15’
- Divertimento
- Lento
- Acelerado
Alejandro Cardona
Manuel Enríquez
Federico Ibarra
Kaija Saariaho
Tambuco Ensamble de Percusiones
Ricardo Gallardo, director artístico
Alfredo Bringas
Miguel González
Raúl Tudón
* Estreno mundial
Personas compositoras
Cuenta con varios conciertos sinfónicos para instrumento y orquesta: dos conciertos de piano, guitarra, dos de percusiones, violonchelo, dos de flautas dulces, para violín y orquesta, y obras orquestales y de cámara. Sus conciertos han sido estrenados por las orquestas más importantes de México. Ha compuesto música para teatro y danza. A nivel internacional, sus obras han sido interpretadas en el Carnegie Hall de Nueva York, y por las orquestas Sinfónica Simón Bolívar de Venezuela y Sinfónica de Atenas, entre otras. Su ópera Las cartas de Frida se presentó todo 2011 en la Ópera de Heidelberg, Alemania, y en 2013 se estrenó en México. Pertenece desde 1994 al Sistema de Creadores. Ha organizado varios encuentros de música mexicana en el extranjero como Mexartes en Alemania, y el Festival Puentes con México y España, entre otros.
Nota al programa De las nocturnas aves
Fue concebida originalmente como un homenaje a Tambuco, con motivo del 30 aniversario del ensamble. La obra nació como un Divertimento para cuatro marimbas y, posteriormente, a partir del diálogo entre la compositora y Ricardo Gallardo, se amplió hasta convertirse en una composición en tres movimientos: Divertimento, Lento y Acelerado. El primer movimiento conserva el carácter festivo y lúdico sugerido por su título. La escritura para cuatro marimbas explora las posibilidades melódicas, rítmicas y contrapuntísticas de este instrumento, cuya riqueza tímbrica permite a la percusión asumir un papel simultáneamente armónico, melódico y polifónico. El segundo movimiento incorpora materiales provenientes de Mural, concierto para Tambuco y orquesta sinfónica. Rodríguez retoma aquí un tema de Tomás Luis de Victoria sometiéndolo a un proceso de variación y transformación. Las cuatro marimbas son ejecutadas con arco, acompañadas por platillos suspendidos, creando un universo sonoro de resonancias prolongadas y una particular cualidad contemplativa. La referencia a Victoria establece, así, un puente entre la tradición musical y una exploración contemporánea del timbre y la resonancia. En el último movimiento de la obra, el proceso de transformación adquiere una dimensión esencialmente tímbrica. Las cuatro marimbas van cediendo gradualmente su identidad sonora a cuatro temple blocks. El tránsito de un instrumento de resonancia prolongada y definida hacia otro de ataque seco y percusivo modifica progresivamente el carácter del discurso musical y acentúa su impulso acelerado. La obra puede entenderse, en este sentido, como un recorrido de transformación: de la celebración inicial a la introspección y, finalmente, hacia una creciente concentración de energía. A través de las marimbas, los arcos, los platillos suspendidos y los temple blocks, Marcela Rodríguez construye un espacio donde la percusión trasciende su dimensión estrictamente rítmica para convertirse en materia melódica, armónica, resonante y expresiva. Dedicada a Tambuco, la obra es también testimonio de una relación creativa sostenida entre compositora e intérpretes, en la que la exploración del instrumento y la colaboración artística forman parte esencial del proceso de creación.
Compositor y guitarrista. Comenzó tocando diversas músicas populares y tradicionales. Estudió composición con Luis Jorge González. Sus estudios superiores se llevaron a cabo en la Universidad de Harvard con Leon Kirchner, Ivan Tcherepnin y Curt Cacioppo, la Escuela Superior de Artes de Utrecht, Países Bajos, donde concluyó la maestría, así como en la Facultad de Música de la UNAM, donde terminó sus estudios doctorales. Ha vivido y trabajado durante los últimos cuarenta y dos años entre Costa Rica y México. Fue maestro de Teoría y Composición en la Universidad Nacional de Costa Rica. Trabaja como compositor independiente y productor de grabaciones de su música. Ha participado en foros y festivales internacionales y su música ha sido interpretada y grabada en América y Europa. En Costa Rica ha sido cuatro veces Premio Nacional Aquileo J. Echeverría en Música y su obra orquestal, Son mestizo II, formó parte de disco ganador de un Grammy Latino, Música de Compositores Costarricenses Vol. 2, grabado por la Orquesta Sinfónica Nacional de Costa Rica.
Nota al programa Kumbes Kumba Kumbé (toques cimarrones II)
Esta obra fue compuesta expresamente para el Ensamble de Percusión Tambuco. Forma parte de una serie de piezas para percusión que son una reflexión sonora sobre la resistencia africana en Latinoamérica y el Caribe, en particular el cimarronaje, un ejemplo sobresaliente de dignidad y lucha, que desafía una situación radical de desterritorialización y mutilación cultural y humana. Es uno de los intentos más vigorosos de construcción de sentido existencial colectivo: los reductos (palenques, cumbes, quilombos, etc.) que establecieron los cimarrones fueron constituidos por africanos de diferentes etnias, pueblos, grupos lingüísticos, posiciones sociales y géneros, en un proceso complejo de interacción y cohesión a partir de lo que podríamos llamar fragmentos existenciales, sociales y culturales, con diversos grados de continuidad con respecto al referente de origen. Así, la música de esta obra, que incorpora mundos sonoros de origen africano y afroamericano —en un contexto de contradicciones, roces y desencuentros todavía vigentes en nuestras sociedades— propone una metáfora y un diálogo sociomusical que busca crear una suerte de nueva territorialización a partir del mundo sonoro emergente. Tiene tres secciones que se podrían denominar, a partir de la tímbrica dominante de cada una, toques de metal, toques de semilla y madera y toques de cuero (tambor). Estos mundos tímbricos se acumulan como resonancias a través de la obra, así como se han acumulado históricamente en nuestra sensibilidad musical. El título proviene de tres palabras que se originan en grupos bantúes de África Central: kumbes, kumba, kumbé. Kumbes (o cumbes), se refiere a los refugios/comunidades organizadas por cimarrones en diversas partes de Latinoamérica y el Caribe. Los españoles daban este nombre a los africanos que vivían en Bata (Guinea continental española, actualmente Guinea Ecuatorial). Kumba (o cumba) significa rugir, griterío o escándalo festivo. Kumbé (cumbé o nkumba) fue usado genéricamente en la América de los siglos XVII y XVIII para denominar un “baile de negros” (posiblemente un antecesor de la cumbia). Nkumba se refiere al ombligo o a bailar ombligo con ombligo y se asocia, también, con la rumba congoleña (un género que reincorpora en África ciertas transformaciones musicales de africanos en las Américas). Según el investigador cubano Fernando Ortiz, kumba, kumbé y kumbí significan tambores o bailes.
Originario de Ocotlán, Jalisco, fue una figura fundamental de la vanguardia musical en México. Se formó con Áurea Corona y Miguel Bernal Jiménez, perfeccionándose después en la Juilliard School con Ivan Galamian y Peter Mennin. En 1961, gracias a la beca Guggenheim, incursionó en la música electrónica en Columbia y Princeton bajo la guía de Stefan Wolpe. Como violinista, fue concertino de la Sinfónica de Guadalajara y fundó el célebre Cuarteto México, con el que realizó giras por Europa y América. Su labor docente y administrativa fue vasta: dirigió el Conservatorio Nacional y el Cenidim, donde impulsó la investigación electroacústica y virreinal. En 1979 fundó el Foro Internacional de Música Nueva (que hoy lleva su nombre), espacio vital para la difusión de la creación contemporánea. Distinguido como Creador Emérito y miembro de la Academia de Artes, su legado permanece como pilar de la identidad musical mexicana del siglo XX.
Nota al programa Políptico
En esta obra, Enríquez explora la percusión como un universo de posibilidades tímbricas, texturales y expresivas. La obra está estructurada en tres movimientos que se interpretan ininterrumpidamente, concebidos como diferentes perspectivas de un mismo espacio sonoro. Uno de sus principales rasgos es la experimentación politímbrica: una amplia diversidad de instrumentos —membranas, metales, maderas y otros objetos sonoros— permite establecer contrastes, diálogos y transformaciones de color. Dentro del discurso colectivo, Enríquez abre espacios para solos y participaciones individuales, poniendo de relieve tanto la personalidad de cada intérprete como las múltiples formas de producir y articular el sonido. La obra refleja también la apertura de Enríquez hacia formas más flexibles y lenguajes abiertos, en los que el intérprete participa activamente en la configuración del resultado musical. La estructura, por tanto, no se limita a organizar alturas y ritmos; incorpora el timbre, el gesto, el silencio, la resonancia y la dimensión física de la ejecución como elementos compositivos. Políptico constituye así una muestra significativa de la búsqueda de Enríquez por ampliar los límites de la escritura musical y descubrir, a través de la percusión, nuevas relaciones entre sonido, espacio, tiempo e interpretación.
Es una figura central en la música contemporánea mexicana. Formado en la Escuela Nacional de Música de la UNAM, complementó sus estudios en París bajo la tutela de Jean-Étienne Marie, lo que marcó su acercamiento a la vanguardia europea. A lo largo de su carrera ha compuesto más de una decena de óperas, entre ellas Orestes Parte, El pequeño príncipe y Alicia, así como sinfonías, conciertos y obras de cámara que revelan una voz artística comprometida con la exploración filosófica y emocional del sonido. Su labor ha sido reconocida con el Premio Nacional de Ciencias y Artes, la Medalla Mozart y el Premio Universidad Nacional, entre otros. Como docente ha formado generaciones de compositores desde el Taller Piloto de Composición de la UNAM, donde su enseñanza se nutre de una práctica creativa constante. Ibarra no solo ha enriquecido el repertorio musical mexicano, sino que ha contribuido a la consolidación de una estética propia, profundamente reflexiva y humanista. Su obra invita a escuchar con atención, a pensar con el oído y a sentir con la razón.
Nota al programa La chute des anges
Ocupa un sitio singular dentro de la obra de Federico Ibarra, pues constituye, según sus propias palabras, “hasta este momento, la única que he dedicado exclusivamente a las percusiones solas”. Ante la composición de la obra, Ibarra se planteó diversas posibilidades: abordar los instrumentos de manera concreta, como en Ionisation (1931) de Edgard Varèse; seguir una concepción estructuralista, como en Toccata (1942) de Carlos Chávez, o continuar la exploración de las posibilidades instrumentales que había caracterizado a buena parte de la música para percusión de los años setenta. Finalmente, eligió una vía menos explorada: el tratamiento de las percusiones de manera lírica, versando sobre un asunto poético. La inspiración surgió de la contemplación de un pequeño grabado en el Museo del Louvre y dio origen a tres piezas relacionadas por una línea argumental flexible, basada en el mito bíblico de la caída de los ángeles: L’ordre (El orden), L’appel (El llamado) y La lutte et la chute (La lucha y la caída). Más que ilustrar literalmente el relato, Ibarra propone un espacio abierto a la imaginación y la subjetividad. Como él mismo señala, la obra permite “una interpretación o relectura totalmente libre y subjetiva” del mito. La percusión deja así de ser únicamente ritmo y energía para convertirse en materia poética, gesto, resonancia y expresión. La chute des anges revela, en este sentido, una faceta particular de la creación de Ibarra: la búsqueda de una dimensión lírica en un universo sonoro tradicionalmente asociado con la fuerza, la precisión y el ritmo.
Fue una voz destacada de su generación de compositores, tanto en su país natal como en el mundo entero. Estudió composición en Helsinki, Friburgo y París, donde residió desde 1982 hasta su muerte. Sus estudios e investigaciones en el IRCAM, el centro parisino de experimentación electroacústica, tuvieron una gran influencia en su música, y sus características texturas exuberantes y misteriosas se crearon a menudo combinando la interpretación en vivo con la electrónica. Expandió gradualmente su expresión musical a una gran variedad de géneros, y sus piezas de cámara y música coral se han convertido en piezas clave de conjuntos instrumentales y vocales, respectivamente.
Nota al programa Trois rivières
En esta obra Saariaho transforma la percusión en materia sonora: un territorio donde el ritmo, el timbre, la resonancia y el silencio se encuentran en constante movimiento. Compuesta entre 1993 y 1994, la obra pertenece a una etapa fundamental de la exploración de Saariaho sobre las relaciones entre el sonido acústico y la electrónica. El título Trois rivières puede entenderse como una metáfora de la propia estructura sonora de la obra. Como corrientes que se encuentran, se separan y vuelven a confluir, los sonidos se transforman continuamente: un ataque se prolonga en resonancia, una textura se disuelve en otra y el ritmo emerge gradualmente de la materia tímbrica. La presencia de la voz añade una dimensión poética. Los cuatro percusionistas recitan fragmentos de un poema de Li Po (701–762), Noche de luna sobre el río, en traducción francesa. La palabra deja así de ser únicamente lenguaje para convertirse también en sonido, respiración y resonancia, integrándose en el universo instrumental. En Trois rivières Saariaho no busca representar un paisaje acuático, sino crear una experiencia de fluidez: una música que, como el agua, nunca permanece idéntica a sí misma. El oyente es invitado a abandonar la escucha del acontecimiento aislado para percibir el sonido como un continuo, como una corriente que se transforma mientras avanza.
Intérprete
Con más de treinta años de una exitosa trayectoria internacional y el registro discográfico de un repertorio original, Tambuco ha celebrado una carrera muy aclamada y se ha establecido entre los mejores ensambles de nuestros días. Públicos diversos en todo el mundo han disfrutado la musicalidad de Tambuco en conciertos dedicados a mostrar el vasto universo de la música para percusiones. Tambuco, fue fundado en 1993 por cuatro distinguidos músicos mexicanos y está considerado como uno de los grupos más finos e innovadores en el mundo. Sus integrantes rehúsan ser etiquetados con un solo estilo. Desarrollan un repertorio de música contemporánea de concierto donde el gran colorido de las percusiones del mundo habla con el idioma musical de los compositores de vanguardia. La única constante es el deseo de alcanzar la excelencia artística a través de ejecuciones virtuosísticas y gran nivel interpretativo, utilizando todos los medios concebibles o inconcebibles para dar forma a una música única en carácter.
Ha recibido importantes reconocimientos de instituciones internacionales; entre ellos, destaca el prestigiado premio Japan Foundation Award for Arts and Culture, máxima distinción que el gobierno japonés confiere a un artista. Ha ofrecido conciertos en Estados Unidos, Canadá, México, Reino Unido, Francia, Alemania, Austria, Italia, España, Portugal, Hungría, Líbano, Egipto, Arabia Saudita, Omán, Cuba, Costa Rica, Colombia, Venezuela, Perú, Brasil, Argentina, Uruguay, China, Vietnam, Malasia, Singapur, Indonesia, Taiwán, Japón y Australia.
El ensamble ha colaborado con Keiko Abe, Stewart Copeland, Eduardo Mata, Gustavo Dudamel, Yannick Nézet-Séguin, Kronos Quartet, The Michael Nyman Band, TM Plus, y las orquestas Los Angeles Philharmonic, Dallas Symphony, Philharmonique de Montpellier, Filarmónica de la Ciudad de México, Sinfónica do Estado de Sao Paulo, Filarmónica de Jalisco, de Catania y Santa Barbara Chamber, entre muchos otros. Ha grabado once discos. Su álbum Carlos Chávez Complete Chamber Music recibió tres nominaciones al Grammy: Mejor Álbum de Música Clásica, Mejor Ensamble de Cámara y Mejor Álbum Latino de Música Clásica. Su disco Rítmicas fue elegido por Audiophile Audition como uno de los mejores CD del año. Grabó también con Kronos Quartet en su álbum Nuevo, nominado al Grammy y grabó, con el compositor Thomas Newman, la música para la película de James Bond, Spectre, así como dos álbumes para el sello japonés Meister Music, ambos merecedores del reconocimiento Record Geijutsu.





